The Last Song - GakuLen (Vocaloid Fic) [TP de momento]

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The Last Song - GakuLen (Vocaloid Fic) [TP de momento]

Mensaje  Axel el Miér Sep 29, 2010 3:14 am

Una nueva historia que hace poco que comencé, por si alguien le interesa la temática y/o la pareja (Gakupo x Len). De momento sólohe escrito 4 capítulos pero iré subiendo conforme los vaya acabando, ok? ^__^Espero que os guste! Ya sabéis, los comentarios al post correspondiente!^^

The Last Song
Capítulo I

Aún no lo entiendo… Por más que me esfuerzo, no lo comprenderé nunca… a mi pesar… -Me lamentaba. – Todos parecían tener su lugar aquí… todos encajaban a la perfección, menos yo. Parecía haber sido concebido como mero anexo, mero acompañamiento… No es que me importara en muchas ocasiones… porque en verdad, mi hermana es lo más preciado para mí, pero… también quiero saber que sin ella, también valgo... que soy alguien tan importante como ella… en solitario. ¿Por qué, Master? ¿Porqué me creaste?... ¿Sólo para consentirle sus deseos? ¿Para cuidarla?… Pero… ¿Y mis sueños?... ¿Qué hay de ellos? ¿Para qué me diste esta voz para la canción si no puedo brillar por mí mismo?...

Desde nuestra llegada, todo había continuado en la misma tónica. El Master, amablemente se esforzaba en crearnos los duetos más bellos para entonarlos juntos, cosa que me hacía realmente feliz. Poder cantar con mi hermana en verdad es algo muy tierno. Adoro ver lo linda que se pone con esos trajes y lo bien que le sientan los focos… Pero algún día, quisiera… aunque sólo fuera una vez, que esos focos brillaran sólo para mí… Quizás es un pensamiento muy egoísta por mi parte… Pero necesito saber que puedo hacerlo, que la gente me verá a mí, que les seré preciado e importante, alguien necesario... tanto dentro como fuera del escenario... Que no se olviden de mí… -Apreté los puños fuertemente. Sin advertirlo, había comenzado a correr quién sabe dónde. Casas, árboles, sol, nubes, cielo… Desde que el Master había extraído del Ordenador Central nuestras versiones androides, todo era mucho más colorido, y se respiraba "libertad"… Dentro de los márgenes de cualquier loid, claro… Pero en esos momentos, mi mente divagaba en otros asuntos, no advertía lo hermoso de todo lo que me rodeaba. Tan ensimismado estaba que no deparé siquiera en que alguien caminaba hacia mí y que, topando fuertemente, me pareció habérmela pegado contra un fuerte muro, que el impacto me hizo retroceder unos pasos. Me sobé la nariz, dolido.

-¡¡Ay ay ay ay… qué daño…!! –Murmuré bajito entre dientes, cerrando fuertemente los ojos.

-¡Ah! ¡Perdone jovencito…! ¡¿Se ha hecho lastimado?! –El desconocido se agachó a verme, pero sólo alcancé a hacer una exageradísima y torpe reverencia como disculpa y un tímido "P…perdone", con una lágrima que recorrió una de mis mejillas, que no podría hoy asegurar si fue a causa de mis emociones reprimidas, por el golpe o ambas a la vez. Sólo sé que me deshice de sus manos y comencé a correr de nuevo, bajo una larga cabellera sedosa y brillante de un color que nunca había visto en un cabello, un precioso morado orquídea… Fue lo único que recuerdo de esa primera vez… Seguramente te reirías de mí… Y pensarías lo crío que puedo llegar a ser si me lo propongo… Pero en verdad, algún día quisiera ser como tú… ese es uno de mis más profundos secretos.

Recuerdo que pasé aquella tarde perdido entre la hierba de aquella orilla del río, cabizbajo, si atreverme a volver a casa.
¿Qué les explicaría? Me llamarían infantil por irme de esa manera… y por creer cosas así… se reirían de mí o peor... me ignorarían. Aunque quizás me ignoraran del todo y no depararan en que aquél momento estaba a algunos kilómetros de distancia de casa. Me sentí desdichado y no pude más que llorar… llorar hasta que no me quedaran lágrimas, pensé, hundiendo mi mundo.

-Llorar es bueno a veces, pero uno ha de luchar por alcanzar sus sueños, y volver a levantarse una vez más. – Un pañuelo con una extraña verdura que nunca había visto cayó sobre mis rodillas. Sorprendido, me giré a un lado y a otro, mirando de dónde provenía esa misteriosa voz y ese pañuelo. Pero estaba a solas, no había nadie conmigo. Me sobrecogí. Habría pensado que oía voces en mi cabeza, pero eso no explicaría la presencia de ese trozo de tela… ¿Sería propiedad del dueño de esa voz, o lo habría arrastrado el viento por pura casualidad…? Sequé suavemente mis lágrimas… Olía muy bien… y el tacto era muy suave. En cierto modo me reconfortó y me consoló. Decidí que por hoy, ya bastaba de lágrimas y de huir. Se hacía tarde… Me giré lentamente, y… lo vi, ¡juro que lo vi! Algo morado se movió a mucha velocidad. Extrañado, seguí gritándole.- ¡Señor! ¡Señor! ¿Esto es suyo? ¡Se lo deja, señor! ¡Espéreme! – pero la figura parecía no oírme desde su posición. Así que aceleré el ritmo, casi corriendo, pero también corrió. Cuando giré a través de un cruce, le perdí la pista… maldita sea. Ya iba a desistir cuando vi girar por la esquina un mechón de ese misterioso cabello. Con un vuelco en el corazón por la proximidad, corrí a la desesperada, esperando al fin darle alcance, y cuando una nueva calle se abrió ante mí, había desaparecido una vez más. Aquélla calle no era una calle cualquiera, se trataba de la calle del Master, mi calle, donde vivíamos todos. Un claro manto estrellado se extendía sobre mí, ya había anochecido, sin apenas advertirlo. Tomé el sedoso pañuelo violeta y lo guardé en el bolsillo, esperando descubrir el misterio… algún día de éstos. Entré en casa como siempre, esperando como otras veces que nadie extrañara mi ausencia. Sólo Rin salió a mi encuentro.

-Ya estoy en casa… - Dije casi a desgana.

-¿¡LEN!? ¿¡Dónde te habías metido!? ¡Me tenías muy preocupada, ¿sabes?! –Me reprendió la rubia.

-Lo siento, sólo salí a dar una vuelta. –Le contesté, quitándole importancia, guardándome nuevamente mis sentimientos para mí, tratando de sonreír para despreocuparla, aunque sé que no se quedó del todo convencida.

-Podrías habernos avisado… Te fuiste tan de repente… Y encima se hizo tan de noche… ¡¡temía que te fuera a pasar algo, idiota…!! – Para mi sorpresa, casi sollozante se me abrazó fuertemente, ocultando su cara en uno de mis hombros, por inercia la acaricié el cabello y la espalda, para calmarla, resignarlo a ser su caballero andante cuando me necesitara, estar ahí para ella, ser su soporte, su complemento. Me sentí tan feliz y desdichado a la vez… Cuando se hubo calmado, la solté con cuidado, acaricié sus mejillas, le di un suave beso en la frente y me retiré en silencio a mi cuarto.

-Ah… L…Len… ¿No vas a cenar nada? –Se giró sorprendida hacia mí.

-Um… No, no tengo demasiada hambre hoy… Creo que dormiré un poco, estoy algo agotado…

-Como quieras, buenas noches Len… -Me sonrió, aunque bien sabía yo que seguía preocupada por mí, cosa que me hacía sentir más culpable, pero no podía evitarlo. Necesitaba darme tiempo a mí mismo para poder ordenar mis sentimientos. Me desvestí lentamente, me puse mi pijama y observé las estrellas en el firmamento a través de mi ventana, pensando en todo lo acontecido hoy. Quisiera brillar como una de esas estrellas, pensé, imaginándome que esas estrellas eran innumerables focos, y que yo brillaba con ellos, en el inmenso escenario del firmamento. Con este bonito sueño, caí rendido sobre mi cama, abrazándolo con una igualmente brillante sonrisa, mientras en mis sueños cantaba y cantaba, sin nada más que me importase… siendo yo, preocupándome por mí, una sola vez…

Y así, igualmente de armónico, llegó el amanecer. Lo supe porque todos en la casa parecían alborotados, escuchaba pasos de un lado a otro, arriba y abajo. Me desperté no sin esfuerzo. Costaba tanto pisar de nuevo con los dos pies sobre el frío suelo de la realidad… Me vestí con mi típico traje estudiantil de tonos tan familiares como mi cabello, amarillo… mi insignia, mi identificación, lo único que me daba identidad propia. Bajé al piso de abajo, restregándome los ojos, aún muy dormido y turbado, bostezando.

-¿A… a qué viene todo ese alboroto?...

-¿No te has enterado? – Se me cruzó Miku, excitada, con su radiante mirada y su largo cabello turquesa igual de brillante. – ¡El Master lo anunció ayer por la tarde! ¡Va a venir un nuevo loid a la familia!

Rin apareció tras la peliverde igual de emocionada, uniéndose a la comparsa. - ¡SÍ! ¡Y ADIVINA QUÉ!
Y las dos saltaron muy felices, dando vueltas de la mano.- ¡Es un vocaloid chico! ¡Seguro que es muy guapo!

-No más guapo que yo… Seguro-. –Dijo Kaito desde la cocina, que tenía graciosamente una cuchara de postre entre los labios, comiendo un helado para desayunar, como era su habitual costumbre.

Meiko estaba detrás sirviéndose un poco de sake para despejarse, como ella decía. – Vamos, no te alteres, bellezón. –Le espetó en un tono burlón. – ¿A estas altura vas a ponerte celoso? – Tragó el chupito de un tirón. – Aahh... Tan dulce como siempre… ¡Adoro a este Master! –Mirándose la botella, mientras Kaito la observaba con avidez, como si quisiera ser una de ellas.

No dije nada, me limité a asentir en silencio, a sentarme en la mesa y a jugar con la tostada que había en mi plato, hundiéndola en mi taza de chocolate caliente. Chocolate… lo que bebe un niño. Seguro que ese vocaloid era un adulto. Kaito se quejaba, pero como vocaloid varón tenía hasta más éxito que yo, su voz era mucho más varonil y lo solicitaban para la mayoría de canciones masculinas. Si ahora era ignorado, después sería alguien invisible. Estaba harto. Sin expresión ninguna, cuando llegó el Master y abrió la puerta, fui el último en acudir. Me lo tomé con calma. Terminé mi desayuno a desgana y fui tras la tropa, a ver lo "fantásticamente maravilloso" que era el nuevo miembro. Todos se agrupaban delante de mí curiosos, cuchicheando y comentando en susurros, mientras el Master hablaba. Yo no alcanzaba a ver, siendo tan bajo la cosa estaba difícil, así que me quedé dónde estaba, a la espera, sin armar escándalo, paciente. El Master fue presentando por proximidad a los que allí se aglomeraban, ruidosos, mientras a las chicas les pedía un poco de calma y silencio. Fruncí el entrecejo. ¿Tan genial le parecía a Rin el chico nuevo?... Lo reconozco, no sólo me sentía desplazado, encima la única persona en la que me volcaba, tenía alguien mejor en quien fijarse. Sentía mis esfuerzos inútiles. Me sentí tan... pequeño.
Cuando el Master me llamó, el resto miró a todas partes buscándome, sin fijarse que seguía inerte tras ellos, cuando a los pocos minutos se dieron cuenta del detalle, me dejaron pasar, abriéndose camino entre mí y el Master. Le miré y solté parsimoniosamente: Kagamine Len, vocaloid varón 02. Encantado… -Hice una reverencia mecánica. El Master me sonrió complaciente y me acarició el pelo, como a veces solía hacerlo cuando hacía algo bien. Entonces me mostró al nuevo, frente a mí, que se presentó sin necesidad de que el Master se lo indicara.

-Gakupo Kamui, vocaloid varón registrado como Gakpoid. Encantado de conocerle, joven Len-san. –Hizo una reverencia muy cortés, casi podría decir que exagerada, No estaba acostumbrado a esos modales tan pomposos en aquella casa caótica. Debo decir que me sonrojé de que alguien se inclinase tanto ante mí, no había conseguido jamás un efecto como ese en los demás, y me sentí turbado, sin saber qué hacer. Entonces le observé mejor y en mi mente aparecieron flashbacks del día anterior. Ese largo cabello… morado… como las orquídeas… y esa voz… - Alcé mi vista hacia él, sorprendido. Traté de balbucear algo que sonó incomprensible y, sin saber cómo reaccionar ante mis sentimientos de gratitud, mi terror a ser substituido y mi odio por ser un don nadie, sólo pude girarme y correr a mi habitación como un crío, con un enorme portazo. Me dejé caer tras ella, sentándome y abrazando mis rodillas, aguantando mis ganas de llorar. Me sentía traicionado… la única persona que parecía haberme querido ayudar el día anterior… resultaba ser un loid como él… y no sólo eso, además le quitaba lo poco que le quedaba. Incluso a Rin le parecía fantástico. Sentí como mis sueños se rompían poco a poco y una brisa se los llevaba, como hojas de papel. No sé cuánto tiempo pasó tras ese momento. Sólo recuerdo haberme quedado dormido, mientras en el exterior el día se sucedía y daba paso nuevamente a la noche, sin que apenas yo lo notase…

-FIN DEL CAPÍTULO 1-

-Free Talk-

Una vez más, tras un largo periodo de pausa, vuelvo a la carga fanfic con este fic de que, a pesar de ser yaoi, esta vez no trata nada sobre Kingdom Hearts, sino sobre Vocaloid, No es un fic con una idea de ser largo, al menos es mi principal idea. Es un fic que diseñé pensando en no hacerlo muy largo, espero que pueda continuar siéndolo. Lo ideé pensando como regalo a Roxasthe13nobody, ya que como bien dice, apenas podemos ver escrito ni dibujado ni escuchado acerca de Len y Gakupo, así que, cumpliendo sus deseos, voy a redactar un posible fic (este mismo, de hecho) de la pareja, y desmentir los tópicos de que una pareja así no funcionaría. Mis habituales lectores saben que yo soy capaz de hacer que una pareja tan dispareja puedan llevar una vida en común como algo natural, y este fic no va a ser la excepción. (Además, de que si Gakupo puede estar con Rin en algunas imágenes, o canciones, no veo por qué no pueda quedar bien con Len, sobretodo después de Imitation Black o fate: Rebirth, que en este fic os darán alguna que otra sorpresa agradable).
Espero que os haya gustado al introducción, y poder seguirlo más o menos regularmente, que la Universidad apenas me deja tiempo para cosplay, ni para escribir ni dibujar u.u lo siento por los que siguen aún mis otros fic, los proseguiré en cuanto pueda, ¡lo prometo!

Dedicado especialmente a mi Roxas (futuro Len cosplayer) y dedicado también a mis habituales lectores, y como no, a los fans de esta pareja (que aunque pocos, sé que los hay, ya está bien de no tener apenas fics en Deviantart, no puede ser xD Así que vengo a abrir la puerta a futuros lectores y escritores de las aventuras de Gakupo y Len. ¡Que lo disfrutéis!)

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Re: The Last Song - GakuLen (Vocaloid Fic) [TP de momento]

Mensaje  Axel el Miér Sep 29, 2010 3:17 am

The Last Song
Capítulo 2

-¡Len! ¡Contesta por favor! ¿¡Len!? ¿Estás dentro? Si lo estas, ¡Por favor, contesta! ¡Vamos, no puedes quedarte para siempre ahí dentro! ¡No puedes…! ¿Verdad…? ¡LEN! ¡LEEEEN! – Casi suplicó una voz juvenil femenina y algo chillona tras la puerta, golpeándola.
Poco a poco, esos golpes comenzaron a ser cada vez más inasistentes, haciendo vibrar al compás de mi espalda apoyada en la madera. A desgana desperté, no sin dificultad, debido a las numerosas lágrimas que había vertido el día anterior y que habían teñido mi vacía mirada con una sombra carmín. Cuando me percaté de la identidad de esa voz que gritaba mi nombre en la lejanía y que se aproximaba a mi realidad cada vez más, dejando atrás su tenue atmósfera etérea para posicionarse firmemente en el presente.
Con precaución y despertando el resto de mi entumecido cuerpo por haber dormido todo el día y toda la noche en tan poco agraciada postura, me levanté sobre mis piernas y posé mi mano sobre el pomo de la puerta, haciéndolo girar con suavidad. Al otro lado asomaba una figura amarillenta que me miraba con cierta preocupación.

-¡Len, pensé que no contestarías nunca! ¿¡Por qué no me hablabas!? ¿Te ocurre algo?

Bostecé desperezándome fingiendo perplejidad indiferente, esperando en vano ocultar mis sentimientos. – Amh… no, nada… Es que estos días he estado algo cansado que de costumbre. Pero ya me encuentro mucho mejor, tranquila. - Me estiré y le sonreí con esa sonrisa vacía predominante en mis labios esos días.

-Um… No sé por qué sigo sin creerte... – Me miró con una mirada nada confiada.

-P… pero es verdad – Le aseguré- ¡Solo era cansancio, nada más! – Me defendí como pude.

-¡Shhht! – Me acalló. -Ya me lo contarás cuando puedas o quieras. –Ahora extendía una mano hacia mí. –Ven, vayamos a desayunar…

Me acompañó hasta la sala de estar, donde casi todos los reunidos habían terminado ya su desayuno. Por supuesto, él también estaba ahí. Evité mirarle en todo momento y me senté en lo más lejos de él que pude, fingiendo como si nunca hubiera entrado por esa puerta, destrozando mis últimas esperanzas. Cuando Rin se sentó junto a mí y nos pusimos a desayunar, el resto fingió normalidad y al poco rato todos se fueron a hacer sus quehaceres… o casi todos… él seguía ahí mirándome.
Por supuesto, no esperaría de veras que yo le fuera a mirar… Continué desayunando como si tal cosa, poniéndome nervioso, eso sí. Rin nos miraba a ambos, expectante ante esa batalla silenciosa que atravesaba la atmósfera.
Al final, imagino que cansado de ser ignorado, decidió dar el primer paso y romper ese insoportable y ya insostenible silencio.

-Ah… Konnichiwa, Rin y Len-dono. ¡Hace una mañana espléndida para disfrutarla fuera de estas cuatro paredes, ¿no les parece?! –Intentando (a mi parecer desastrosamente) ser amable. Yo me limité a recoger mis cosas y abandoné la sala en silencio, tal y como había llegado. Lo último que oí tras mis pasos fue una disculpa de Rin y pisadas que me seguían. Antes de darme tiempo a girarme, ahí estaba su mano firmemente sujeta a mi hombro, impidiendo mi marcha.

-¿No crees que esa actitud tuya deberías cambiarla?- Me reprendió. – Gakupo-san sólo intentaba ser amable con nosotros y tú te vas como si tal cosa. Deberías pedirle perdón, Len.

-¿Perdón? ¿A él? ¿Por qué? ¡Es un extraño, Rin! ¡Ni siquiera es de nuestra familia Vocaloid! ¿ Por qué lo defiendes tanto, eh?! ¿Acaso lo quieres más ahora que tienes a alguien a tu altura?

-Len… - Rin ya no me miraba. Mantenía su cabeza gacha, ligeramente temblorosa, cerrando sus puños. – Cállate…

-¡No quiero! ¡Estoy harto, ¿vale?! ¡Harto de todo y todos! ¡Harto de consentirte! ¡Harto de ser el último mono! ¡Harto de que le des la razón! ¡Harto de verte…!- Entonces sin predecirlo, un fuerte bofetón cruzó mi cara y unas lágrimas que no eran mías cruzaron mi alma. Me atravesó con un leve golpe, rozándome al pasar con su hombro y se perdió en su cuarto, encerrándose tras un breve e impactante portazo. En ese momento comprobé el verdadero sabor de la soledad. La única persona que aún me apoyaba y le era importante y la apartaba de mí y de la peor manera posible. Sentirme desdichado era poco en comparación a como me sentía en ese momento. Y para acabarlo de arreglar… Otra mano volvió a posarse sobre mi hombro. Sólo que ésta no era ni femenina ni adolescente. Giré y miré sólo de soslayo para asegurarme y ahí lo vi plantado, nuevamente, mirándome con… ¿Preocupación? No, no me engañaría de nuevo con sus truquitos de buena persona. No esta vez.

-Len-dono… He oído sin querer su discusión y no he podido evitar presenciarme para ayudarle si lo necesita.

¿Así que lo había oído todo? Y si era así, ¿por qué no se largaba de una vez?

-No gracias. NO quiero hablar de nada contigo.

-Pero, Len-dono… - Fue a enjuagarme con uno de sus dedos una lágrima de rabia e impotencia que no me vi capaz de reprimir, pero con un acto reflejo, me aparté antes de que posara su piel en la mía.

-¡Apártate de mí! ¡No me toques, ni me mires! ¡No existo para ti, ¿Ha quedado claro?!

No quería ver su reacción, de veras que no. Pero no pude evitarlo. Sus ojos azul turquesa se clavaron en los míos. Y su mirada de compasivo dolor entremezclado con lo que pretendía ser culpabilidad, casi me hizo el mismo daño que seguramente le había provocado yo a él… Y a Rin. Sintiéndome como un idiota y sin saber cómo responder a mis sentimientos ni a él, sólo pude hacer lo único que sabía hacer en caso como éste: salir corriendo.
Me fui de casa del Master con la misma celeridad de dos días atrás. Quizás por inercia o por mis propios deseos ocultos o por que no sabía dónde acudir y me sentía atrapado dentro de mis pensamientos, terminé frente al estudio de grabación donde el Master organizaba algunos conciertos con nosotros y gravábamos álbumes desde que nos convertimos en androides físicos en el mundo real. Como no estaba programada ninguna grabación por el momento, el recinto estaba desierto. Busqué en mi cuello un colgante donde siempre prendía la llave del estudio por si alguna vez el Master no podía acompañarnos a Rin y a mí, la introduje en la puerta de entrada y caminé hasta el anfiteatro interior. Con las luces de los focos apagadas, su aspecto era mucho más lúgubre y nostálgico que de costumbre, a juego con mi tristeza. Crucé el escenario, acaricié el micrófono y canté un poco de mi canción "Ike Len ka", con un tono derrotado y sin brillo. Cuando sentí que ya no me quedaban fuerzas suficientes para cantar, me dejé caer de rodillas sobre la superficie del escenario, y mis últimas lágrimas guardadas se vertieron. Me senté en el borde a duras penas y con esfuerzo, sin ver bien del todo, contemplando el vacío, esperando sin esperar realmente nada.
Así pasó lo que me pareció una eternidad. Cuando me adormecí así, en la misma postura, al rato sentí como me zarandeaban, despertando de mala gana una vez más. No era ni Rin, ni él. Miku me miraba, de forma especialmente tierna y animosa. Me sonrojé al ver que alguien a estas alturas era capaz de devolveré una mirada así, a mí, sólo a mí. Me tendió una mano que no pude rechazar y caminando entre esas paredes, me contó cosas que no creí que jamás que una estrella de la canción como ella hubiera vivido. Egoísta o no, consiguió hacerme sentir mejor el ver que a pesar de todo, no éramos tan diferentes.
Al fin, pude comprender totalmente el significado de "Disappearance of Miku"… y su trágico pasado.
Renovado gracias a esa mano amiga, caminamos juntos por las calles de Tokio, como cualquier chico o china de nuestra edad. Tomamos juntos un helado al que me invitó, vimos tiendas, paseamos por un parque… Casi podría decir que fue lo más parecido a una cita que había tenido jamás, en el que por ese día, yo era el protagonista indiscutible, de la mano de Miku, además.
Cuando llegamos a nuestro hogar, busqué a Rin por toda la casa, con un bonito regalo que Miku me había ayudado a elegir para pedirle perdón, un bonito vestido que llevaba meses queriéndolo comprar pero el dinero nunca le llegaba.
La encontré en el tejado, contemplando las estrellas como los dos lo hacíamos al poco de ser creado físicamente, mientras imaginábamos nuestros sueños brillar sobre nuestras cabezas. Subí con cuidado y me acerqué a ella, como era normal ni me miró, simplemente hizo como si yo nunca hubiera estado allí.
Cuando me senté junto a ella, hizo ademán de soltarme un buen puñetazo, pero se contuvo, conformándose con sólo hablarme con brusquedad.

-¿¡Qué quieres ahora!? ¿No querías que te dejara en paz? ¡Pues largo!

-Rin, veras… He recapacitado y no creo que sea para tanto… Tú tenías razón, estos días he estado bastante idiota e insoportable…

-Mucho diría yo – Me corrigió con despecho.

-Sí, está bien… pero lo lamento… y para que veas que hablo en serio, ¡mira que te traje! – Le acerqué el regalo a la cara, cosa que impidió verle su reacción, pero al ver que no decía nada y se limitaba a abrirlo, me reconfortó. No obstante, sí pude ver su cara radiante al desenvolver el paquete. Sonrió emocionada admirando el bello vestido.

-Len… te ha debido costar mucho... no debiste… -Pero esta vez fui yo quien la acallé.

-Nada en el mundo es lo suficientemente valioso para equipararse a las lágrimas de tu entristecido corazón, así que acéptalo junto con mis disculpas. Es lo menos que puedo hacer por mi hermanita a la que tanto adoro. – Le dije ruborizándome y rascando torpemente mi nuca como de costumbre. Ella me miró radiante y luego perspicaz me rebatió.

- Está bien, aceptaré tus disculpas con sólo una condición.

-¿Condición? ¿De qué condición se trata? – Le miré intrigado.

-Que arregles las cosas y hagas las paces con Gakupo-san. Él también se merece que le pidas perdón y un mejor trato del que le ofreciste hasta ahora, ¿no crees?

-P... pero Rin…

- ¡Shhht! Y NO acepto un NO por respuesta, ni negociaciones, ¿OK? O no te perdono, ¿eh?

Cuando mi hermana se ponía terca como una mula, ninguna explicación le parecía lo suficientemente razonable ni convincente para no llevar a cabo lo que ella esperaba que hicieras. Así que bastante fastidiado interiormente pero fingiendo estar de acuerdo, me resigné y acepté su condición.

-¿Por qué le tienes tanta manía a Gakupo-san? - Me miró medio sonriente. –No es tan mal tipo. Es atento y trabajador y le gusta ayudar a todo el mundo.

-No se trata de eso, Rin… Es que… puede parecer una cosa, pero yo sé que en el fondo no es lo que aparenta, y lo desenmascararé ¡y verás que me darás la razón! Le conozco de algo más que tú, si mis conclusiones no son erróneas… Además… él… es un hombre…

-¿Y? ¿Qué tiene que ver que sea un hombre? – Me miró con sus grandes ojos verde mar, expectante.

-Pues... yo también lo soy. – Me justifiqué.

-Eso también lo sé, peor no veo que eso signifique un problema.

-Es que… si el Master lo trajo al mundo real, será porque prescinde de mí, ése nuevo Vocaloid es más adulto y de voz más grave… Eso sólo puede significar que ya no le soy tan necesario.

-Len… creo que no va por ahí la cosa, te estas confundiendo…

- ¡Ya lo verás tú misma, si no…! – Me enfadé un poco de que no me creyera, aunque en el fondo me lo esperaba.

-Ya sí, hermanito lo que tú digas, yo sólo opino lo que antes, que estas y sigue celoso…

-¿¡Celoso!? ¿¡De esa imitación barata de samurai!? ¿¡Bromeas!? ¡Más quisiera él!

-Bueno, sí, está bien., Vayamos dentro, aquí comienza a hacer frío. – Sin prestarme más atención a mis quejas, se coló de nuevo por la ventana de la buhardilla pegando un saltito al alféizar y se metió dentro de la gran casa, seguida de mí, un poco molesto aún. Bajamos las escaleras estrechas de la buhardilla y Rin se decidió feliz a su cuarto a dejar su nuevo y flamante vestido, quizás pensando en la mejor ocasión para estrenarlo. Y justo cuando me dirigía a mi cuarto, me detuvo llamándome.

-Len, no te olvides de lo que me has prometido. Porque si no lo haces, lo sabré…

-Sí... sí... – Le contesté algo aburrido del tema y por qué no, fastidiado. Como seguía mirándome esperando que lo hiciera, bajé a la primera planta, a cámara lenta, arrastrando mis pies, y no bajando a brincos como era mi costumbre, deseando no llegar nunca, deseando no ver su cara. Pero Rin me seguía unos escalones más arriba vigilando cada uno de mis movimientos. Entré a la gran sala no sin antes suspirar profundamente para agarrar fuerzas y tranquilizarme. Corrí el panel corredero y allá estaban sentados todos en la mesa, preparándose para cenar. Miku me sonrió guiñándome un ojo y levantando su dedo pulgar, como animándome. Gakupo-san se percató y me miró a los ojos. Su rostro era armonioso, ni siquiera se le veía un poco molesto. Esa actitud suya me ponía enfermo. ¿Por qué siempre intentaba aparentar perfección y corrección todo el tiempo? Traté de ahuyentar esos pensamientos negativos Demi mente y centrarme en mi objetivo. Saludé educadamente a todos los presentes, me acerqué prudencialmente a él y le dije con toda la educación que me salió si podía acompañarme fuera un momento. No se negó y pidiendo disculpas por abandonar la cena, me siguió de cerca. Cuando hube cerrado el panel tras nosotros, le dije lo que debía decirle desde que llegué, con Rin mirándome desde las escaleras. Quería asegurarse a pies juntillas de que en el último momento no me arrepentía. Tomé aire y le pedí disculpas, con una reverencia nerviosa, por todo lo que había dicho y pasado hoy. Y que no volvería a repetirse. Simplemente sonrió cortés y también se inclinó ante mí, tanto que me sorprendió. No lo esperaba, la verdad, aunque viniendo de él, debería habérmelo imaginado.

-No hay nada que perdonar Len-dono. Me alegra que hayamos podido arreglar las cosas. Si tiene problemas, no dude en pedirme ayuda, le ayudaré en todo lo que esté en mi mano. – Sonriente me miró con confianza.

Iba a contestarle algo desagradable, pero Rin que parecía verme las ganas, frunció el ceño, así que me mordí la lengua y me contuve. Sintiéndome un idiota, le hice otra breve reverencia y me fui corriendo a la cocina, No quería que continuara viendo mi reacción ante una situación tan tensa y embarazosa. Pero me salió mal, como casi siempre. El Master abrió la puerta de la cocina y se fijó en mí.

-Ah… ¡Len, te estaba buscando!

-A... ¿mí? – Casi me parecía increíble que el Master me buscara para algo.

-Claro. ¿Cuántos Len viven en esta casa? – Bromeó.

-Espere, Master-san, llamaré a Rin. –Iba a disponerme a hacerlo cuando me detuvo.

-No, esta vez no quiero a Rin contigo, te quiero a ti.

Me giré muy sorprendido. - ¿A mí? ¿Sin Rin? – No podía creerlo. Tal vez las cosas al fin comenzaban a encaminarse para mí, ¡y me venía de cara! ¡No podía considerarme más afortunado! Y... obviamente, no podía estar más equivocado, o eso pensé al principio.

-Sí a ti, a Kaito y a Kamui. Tras hacer pruebas con vuestras voces, una compañía ha apostado por los tres y quiere convertir vuestras voces unidas en el grupo del momento. Estas de suerte, ¿eh Len? Y te quieren a ti como la voz principal, ¡Enhorabuena! – Pronunció feliz, dándome leves toques amistosos en la espalda.

El Master se sentía orgulloso, pero a mí acababa de caerme un jarro de agua fría. - ¿Grupo? ¿Cantar, con él? – Dije refiriéndome a Gakupo-san, que aún seguía allí plantado como un pasmarote desde que yo había intentado ir a la cocina. –Pero... ¡Eso es imposible! ¡Me niego! ¡No pienso cantar con él, más faltaría!

A Gakupo comenzaban a caerle gotas de sudor, a causa de lo violento de la situación, y procuraba mantener la serenidad y la calma ante ese aluvión de críticas en su contra.

-Len, tienes que hacerlo. Sólo tú puedes hacer de voz principal. Además, no nos queda más opción que aceptar si queremos promocionarte, porque sabes de sobras que no pasas por un buen momento, ¿verdad?

-Pe… pero no puede ser…

-Lo siento Len. O lo tomas o lo dejas…

Así de fácil era, o lo tomaba o lo dejaba. Sin más opción que tomarlo, claro está. Así que muy a regañadientes acepté, cosa que puso a Rin y al Master de muy buen humor.

-Me alegro que hayas aceptado Len. Además, he visto que las cosas entre Kamui y tú no andan con buen pie. Esta será la ocasión perfecta para que os conozcáis mejor. Por que además, quiero que los tres, en especial tú y Kamui paséis una temporada conviviendo juntos. Si tenéis que cantar juntos, cuanto mejor ambiente haya y mejor os conozcáis, mejor irá todo.

-……. ¿Será una broma?

-¿Tengo cara de estar bromeando, Len?

-………………………

-¿Len? ¿Qué te pasa?

A partir de ese momento no puedo asegurar a ciencia cierta qué fue lo que sucedió. Sentí como mi mente se desconectaba del mundo exterior, mi cuerpo desmoronarse, y unas voces que me rodeaban cada vez más lejanas, llamándome entre las sombras…

Fin del capítulo


---FREE TALK---


¡Gracias por seguir leyéndome y apoyándome a los que lo hicieron! n.n Aquí os traigo el segundo capítulo, espero que os haya gustado, bastante intenso, ¿verdad? A las 6:45 am que lo terminé por y para vosotr@s n.nU…

Espero que continuéis leyéndome en los próximos capítulos, ¡pues prometo seguirlo! ¡Cada vez la cosa se va poniendo más y más interesante! X3

Dedicado especialmente a :RoxasNobody13akuroku:, ya que le cree este fic como regalo.

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Re: The Last Song - GakuLen (Vocaloid Fic) [TP de momento]

Mensaje  Axel el Miér Sep 29, 2010 3:20 am

The Last Song
Capítulo 3


Hay dos modos de venir a este mundo: con estrella y estrellado. Y cada día tengo más claro que fue de la segunda forma. No, el Master no se daba por satisfecho con el hecho de relegarme a un olvidado tercer puesto como voz masculina, sino que además ponía a prueba mi paciencia y mi aguante humillándome hasta el límite de obligarme a vivir con ese idiota. ¿Y todo por qué? ¡Por hacer un trio! (Por supuesto musical, no pensaba rebajarme hasta tal punto... ¡Por ahí sí que no paso! Cuando desperté de mi ensinismamiento y cavilaciones en una nube de ensueño, ya no estaba en un lugar tan conocido para mí. Me sobresalté al no reconocer nada a mi alrededor, exceptuando dos rostros curiosos contemplándome desde arriba, me quise reincorporar demasiado deprisa, a causa del impacto que esa visión supuso para mí, pero el mareo se apoderó de mis fuerzas y me obligó a caer sobre mis espaldas, yaciendo agotado una vez más.
Ambos chicos se acercaron más a donde me encontraba, ofreciéndome auxilio, del cual me era imposible rechazar. Me tomaron ambos entre sus brazos y preocupados preguntaron por mi estado.
-Tranquilos... Estoy bien... -Traté de serenar mi cuerpo y alejar de mi mente esa aletargada pesadez que se negaba a abandonarme. Mientras recuperaba la consciencia de mi situación, los dos se ponían de acuerdo para relatarme los últimos hechos acontecidos desde que el desmayo me mantuvo fuera de juego.
-El Master te estuvo testeando el procesador y la memoria interna para asegurarse de que no se tratabade un fallo en el sistema. -Comentó el peliazul.- Pero no halló nada de lo que preocuparse. Nos aseguró que despertarían al poco rato y nos aconsejó llevarte a la otra zona de la casa, donde vive Gakupo. Él cargó amablemente contigo todo el rato. - Terminó de explicar alegremente, sin darle la mayor importancia, mientras que el idiota comenzaba a alterarse, e indicarle que había hablado de más, como era su conocida costumbre.
Debo decir que, obviamente eso último en particular me enfureció sobremanera, pero razonadamente no iba a poder cambiar ese hecho acontecido, así que me limité a ignorarle con una gran vena en mi sien y tomé un bollo de una mesa baja que se hallaba próxima a mí y me lo comí para recuperar fuerzas.
-¿Te gustan los bollos, Len? - Se alegró más Kaito, tomando otro. -Están buenísimos, ¿a que sí? Los ha preparado Gakupo antes para nosotros.
A punto estuve de atragantarme yo y a punto estuvo el idiota de pegarle con la vaina de la katana (con katana dentro incluída) en la cabeza a Kaito, pero misteriosamente, nos miramos los dos y, simplemente mi mente quedó en blanco. Sólo volví a la realidad cuando notaba que el aire había dejado de circular por mi tráquea. Sólo entonces engullí aprisa y suspiré, aliviada de la angustiosa sensación de ahogo.
Entonces me apresuré a aventurarme que iba a ser un duro y ajetreado comienzo para nosotros. Obviamente, no habíamos empezado con buen pie y ponía en seria duda queno fuéramos a acabar peor. Me maldije a mí mismo (después de maldecirle a él otras muchas) por no poder evitar aquella situación, pero no me quedaba otra, y no pensaba rendirme ni permitir que otros me adelantaran. Así pues, armado de valor, me prometí a mí mismo que resistirá, aunque se me fuera toda la memoria en ello. ¿Qué ingénuo fui... verdad?
El primer día no fue sino extraño y el segundo más. No por el hecho en sí de vivir en otra casa y dormir en otra cama (está bien, "futón") que no eran las mías, sino que raramente el idiota ni me miraba. Al cuarto día llegué a la paradójica conclusión de que intentaba evitarme, y al contrario de todo pronóstico que yo podría figurarme, este hecho me escabama y provocaba en mí el efecto contrario: ¿Acaso no quería que me dejara en paz? ¿Por qué ahora este repentino sentimiento?
No obstante, mi rencor, orgullo y desconfianza no me permitían un acercamiento y una indagación directa, así que me limité a observarle en la distancia, con disimulada ignorancia. Lo que mi inocencia y pro lo tanto, escasa experiencia no me dejaban ver que, en verdad yo seguía siendo el vigilado y así transcurrieron dos largas semanas, que me parecieron eternas.
En ellas, particularmente nos dedicamos ver pasar los días. A pesar de la insistencia del Master en nuestra actuación, no nos había convocado todavía a ningún ensayo, ni nos facilitó la letra ni la melodía... Nada... Ni siquiera conocíamos la temática. ¿A qué tanta prisa, entonces? Cuanto más intentaba comprender, menos entendía.
Al principio estas dudas comenzaban a taladrar los circuitos de mi disco duro, pero a medida que avanzaba el tiempo, esta insistente incertidumbre se iba diluyendo, fluyendo como los días en el calendario. Sin otra cosa por hacer más que asistir al instituto (por recomendación del Master) y continuar mi vida tras esos muros con mis nuevos compañeros de vivienda, al final poco a poco se me fue casi olvidando el motivo por el cual había sido enviado allí. A pesar de todo, mi actitud obstinada hacia ese idiota seguía casi intacta. Kaito en vista de que sus esfuerzos frustrados por intentar llevarnos bien el y yo lo empeoraba todo en vez de mejorarlo, un día al fín desistió, aunque eso no le impedía ser amistoso con ambos por igual. Aún así, a pesar de lo esperado, sucedió un día del cual no recuerdo cuasl fue ( ya había perdido la cuenta del tiempo que llevábamos viviendo juntos), Kaito decidió apuntarse a clases de repaso, según él porque estaba suspendiendo a base de bien y a ese ritmo seguro repetiría curso y terminaría por ir a mi misma clase. Efectivamente, eso significaba que regresaría una hora más tarde todos los días. Genial, una hora vacía con ese idiota con el que no tenía nada que hablar. En un comienzo lo supuse un problema, pero cada tarde que se sucedía, se retiraba a la sala contigua más espaciosa donde la utilizaba como gimnasio para ejercitarse. Perfecto, estaba solo en la sala. Toda para mí. Lo que significaba dos cosas: Una... Podría hacer lo que quisiera sin preocuparme porque ese idiota me molestara... y dos... La que me "preocupaba", ¡Seguía evadiéndome! Realmente estaba bien, había conseguido lo que quería. Pero era bastante triste pasar tantos ratos a solas. Desde que me crearon siempre había pasado el tiempo en compañía de Rin, pero ya no podía ser así. Pero estaba tan acostumbrado a la compañía que no recordaba la soledad. Pasar ratos a solas era fantástico, sobretodo porque a veces mi inquieta hermana no me dejaba parar un segundo... Pero llevaba tanto tiempo así que ya no resultaba divertido... ni gratificante en absoluto.
Miré mi cuaderno de deberes. Los había acabado muy rápido porque ya no tenía quien me distrajera, pero la pega era que ya no me quedaba nada más por hacer. Suspiré. Aburrido, dejé caer mi cabeza sobre el cuaderno y cerré los ojos. Antes de que pudiera percatarme, había caído en un sueño profundo. En él, aparecía mi vieja vida, donde no existía él y extrañamente todos los demás sólo tenían ojos para mí. En el fondo, sólo pedía un poco de atención, sentirme parte del grupo, necesitado. Sólo eso... Una lágrima cayó por mi mejilla y un calorfrío recorrió mi cuerpo, un frío helado que sumado a mi más profunda tristeza calaba hasta lo más hondo en mí y justo cuando creí no poder soportarlo más, un calor reconfortante cubrió suavemente mi cuerpo. Ya no había más tristeza. Se había esfumado con el frío junto con mis lágrimas, y de repente tuve la certeza de que no había nada que temer, ese calor era mi escudo y mi espada, que me protegería de todo mal. Y cada vez podía sentirlo más y más fuerte dentro de mí, tanto que podía sentir arder mis mejillas, era una sensación tan real... que costaba creer que se trataba sólo de un sueño... Pero... Era algo más que un simple sueño... ¡Era real!
Abrí los ojos de par en par como activados por un resorte y me hallé algo confundido, mirand de lado a lado de la sala, en la misma postura en la que me había dormido, con la ligera diferencia de que ahora estaba totalmente cubierto por una tupida manta de agradable tacto. ¿Cómo había llegado hasta mí...? Medité un instante para llegar a la obvia conclusión de que en esa casa no estaba totalmente solo. Miré hacia el fondo de la sala, donde se situaba la puerta corredera contigua, el lugar en el que el idiota se pasaba las tardes. Ahora la puerta estaba ligeramente entreabierta, no como el resto de los días que había permanecido totalmente cerrada.
Mi recelo era prominente, pero mi curiosidad lo era aún más, y una vez más le estaba ganando la batalla. Sin pensármelo demasiado y aún cubierto con la manta como si fuera un vulgar fantasma, me acerqué con cautela y notorio sigilo hasta la rendija y disimuladamente observé a través de ella su interior. Dentro alguien se movía con mucha presteza, pero asombrosamente sin levantar apenas ruido ni revuelo. Con movimientos magistrales y ancestrales, casi ceremoniosos y haciendo despertar vagamente el fantasma del pasado dormido en cada uno de nosotros, blandía su katana con asombrosa gallardía y habilidad. Con gestos rítmicos, ejecutaba cada movimiento con total desenvoltura, como si él y su espada fueran un solo espíritu. Me quedé atónito. Nunca antes había visto a nadie manejarse en el arte de la espada con ta concentración y dedicación. Quería apartar la vista y alejarme antes de ser descubierto, pero mis ojos y mi cuerpo no me lo permitían. Se maravillaban y se asombraban con cada uno de sus gestos, inertes y bloqueados ante tal espectáculo. No sé cuánto tiempo me quedé así, contemplándole, pero me pareció como si siempre hubiera estado allí, observándole y admirándole, como la cosa más natural de este mundo.
En algún momento que ni yo mismo fui capaz de advertir, envainó su afilada hoja, terminando así su esplendorosa magia como el despertar de un largo sueño maravilloso, y sin inmutarse, sólo pronunció unas pocas palabras suavemente como un recital de poesía antigua perdiendo su mirada a través del ventanal:
-¿Prefiere continuar observando o se anima a participar, joven Len? Estaré encantado de compartir los secretos de estas legendarias y milenarias habilidades a quien desee abrir su corazón al saber.
Por un momento me sorprendí completamente. ¿Cómo se había percatado de mi presencia? Aunque, pensándolo mejor, era lógico a sabiendas que una de las cualidades de un buen samurái era ser observador e intuitivo, así que no se lo retraje. No negaré que me moría de ganas de hacer cosas tan extraordinarias como ésas... Pero mi paralizado cuerpo permanecía en su ímpetu de mantenerme pegado al umbral. No podía ni avanzar ni retroceder por más que tuviese la intención. Me alteré un poco, sudando aún por la vergüenza de tener que admitir que sí había estado observándole a escondidas, sudando como lo hacía su torso desnudo, cubierto únicamente por unas pálidas vendas, y su rostro fatigado pero fresco a pesar del esfuerzo. Realmente era admirable que pudiera hacer todo aquello sin apenas notar fatiga. Por eso le odiaba... y veneraba a la vez. Él era todo lo que yo no era ni podría ser jamas... Ese único pensamiento recurrente que siempre acudía a mi mente cada vez que lo tenía frente a mí. Quizás debió de sospechar mi duda, porque entonces se decidió a dirigirme la mirada y caminar un poco hacia mí, en vista de que yo no había pronunciado una sola palabra desde que llegué. Tendió una mano hacia mí, con una sonrisa tranquilizadora dibujada en sus labios. Tras ese gesto aparentemente amable, me debatía entre tomársela o no. Lo miraba primero a él y luego a su mano, repitiendo ese gesto varias veces antes de decidirme. Lentamente, levante mi mano temblorosa y la fui acercando hacia la suya. Tragando saliva ruidosamente, con mis ojos dilatados y haciendo un esfuerzo sobrehumano por contener mi nerviosismo. Pero justo cuando iba a lograr rozar su mano, me entró el pánico, por mi mente se cinceló aquél preciosopero melancólico atardecer, esas palabras de ánimo que tanto me reconfortaron, aquél suave pañuelo que por alguna extraña razón aún conservaba a pesar de la adversión que sentía hacia él... Y mis ojos se empaparon en lágrimas sin remedio. Sólo alcancé a susurrar un dolido y un sentido: "Mentiroso..." - ¿Qué fue de todas esas promesas, esas palabras de ánimo...? ¿Acaso no significaban nada ya? ¿Tan poco valía para él la palabra de un samurái? De nuevo mi odio comparable a la enorme tristeza y mi sentimiento de traición afloró en mi piel más fuerte que nunca, impidiéndome tocarle, haciéndome retroceder de esa mirada que tanto daño me hacía, y echar a correr de nuevo, lanzando la manta a un lado, sin poder contener la frase más difícil de borrar de mi mente que jamás haya podido pronunciar: "Mentiroso, ¡Te odio!"
Dando un fuerte portazo, sintiendo mi confianza y esperanza minada y echa pedazos, y sin tener mucha idea por dónde pisaban mis pies a causa del mar de lágrimas que se precipitaba en mi mirada, continué corriendo calle abajo... lejos y en soledad como ya era una desagradable costumbre para mí. Sobre mi cabeza, un precioso espectáculo celeste daba lugar... Un atardecer como aquél día se cernía sobre mí, y de no haberme sentido tan desdichado, seguro me habría hecho sonreír. Aunque irremediablemente todas esas hermosas cosas me recordaban tanto a él... Que no hacía otra cosa sino aumentar mi melancólica desdicha, mientras una opresión en mi pecho se hacía patente con más y más fuerza cada vez.
Sin saber cómo, nuevamente había acabado en la orilla del río, muy cerca del lago de la última vez. Me senté sin nada mejor que hacer y observé toda su extensión. Quizás en lo más hondo de mí hubiese querido que él me siguiera y me detuviese... aunque ni yo mismo era capaz de reconocérmelo. Tan ensinismado estaba en mis cavilaciones que aú tardé un rato en percatarme que donde había dejado la mirada fija observando mi pantalón sobresalía un extremo de algo malva como las orquídeas. Y rápidamente comprendí de qué se trataba. Tomándolo lentamente entre mis manos, aferrándolo con fuerza con toda mi rabia deseando que tal vez así pudiera hacerlo desaparecer, o se esfumara... Pero luego mi fuerza se escapó y dejé de aprisionarlo entre mis manos, notando crecer en mi interior ese dolor que se me hacía casi insoportable. Lo abracé con fuerza contra mi rostro y volví a susurrar al vacío: Idiota... ¿Por qué...? ¿Por qué me haces esto...? ¿Por qué me haces tanto daño...?
Y hundiéndome en mi propia desdicha, empapé mis manos, mis rodillas y su pañuelo, sintiendo como definitivamente me había quedado solo en ese mundo extraño y ya no quedaban ni más sueños ni esperanzas para mí, tan sólo ese dolor era cierto, que sólo clamaba por un abrazo... Un abrazo comprensivo de alguien tan solo como yo.
No recuerdo cuánto tiempo permanecí allí. Últimamente mi noción del tiempo estaba viéndose seriamente empobrecida, pero no me importaba. Sólo recordaba haberme imaginado abrazado por mi hermana... Por todos los que to apreciaba, aunque ya no esuviera muy seguro de quién apreciaba y de que ellos pudieran seguir apreciándome a mí. Tanto era lo quela anhelaba que casi podía notar su calor rodeándome. Pero esta vez, evidentemente, allí estaba completamente solo.
Las primeras estrellas habían comenzado a aparecer en el rojizo horizonte. Ya estaba entrada la noche, no obstante esto había dejado de preocuparme. Un viento helado había comenzado a levantarse y ya jugaba con mi alborotado cabello. Hacía frío, pero ya no podía sentirlo. Sólo me mantenía allí sentado sin moverme. Largo rato después, o lo que me pareció a mí largo, lejanamente oí mi nombre como un eco. Al principio lo creí venir de mi conciencia por estar hasta tan tarde fuera de casa, pero mi voz no era tan grave. Mi nombre retumbó nuevamente en la negra noche, bajo la luz de la luna. Parecía tan auténtica... ¿Lo era? ¡Y además, cada vez se oía más y más cerca! Impulsos que me invitaban a girarme me tentaban en su propósito, pero no tenía suficiente valor, y no fue hasta que tuve esa presencia muy cerca que giré mi cabeza tímidamente, observando de soslayo a la figura que se alzaba junto a mí, jadeando ruidosamente. Sin duda había estado corriendo largo rato. Al distinguir su rostro a trasluz de la luna, abrí mucho los ojos, sin creer lo que veía, y enmudeci por unos instantes, sin saber muy bien qué decir o hacer. La verdad, podría decirse que me imaginaba que acudiría a buscarme, pero al oscurecer tanto temí que nadie se percatara de mi ausencia y que, aún equivocándome, no fuera capaz de hallarme. Cuando terminó de jadear, me miró muy serio como no me había mirado desde que llegó a nuestro hogar. Cierto es que esa actitud me intimidó bastante, ya que no estaba acostumbrado a que me dedicara una expresión tan ruda como aquella. Sin previo aviso y sin darme tiempo a contestar su llamada, me preguntó:
- Si me siento a su lado... ¿volverá a huir?
¿"Huir"? En verdad era lo único que estaba haciendo las últimas semanas, pero dolía que alguien te lo corroborara, haciéndote sentir un cobarde, sobretodo por la persona a quien le huías. Iba a soltarle algo con lo que poder defenderme, pero mi actitud era poco lógica sin una explicación que pudiera justificar el motivo de mi huída. Así que me contuve, suspiré agotado y negué en silencio. Se sentó entonces suavemente a mi lado, sin rozarme apenas y miró hacia enfrente, donde la luna bañaba de plata el ancho del río. Lo imité, esperando una severa reprimenda que tardaba en llegar, pero su boca no articuló un sólo sonido. Eso me hacía sentir incluso más incómodo. La incertidumbre de lo que podía esperarme mantenía mi alma en vilo. Cuando sentía que no podía esperar un sólo segundo más, fui a replicar cuando con calma pero visiblemente afectado, añadió:
-Me... me tenía muy preocupado, joven Len... Pensaba que no le encontraría... Por favor, no vuelva a hacer algo semejante.
Me encontré con su mirada sorprendido al escuchar su declaración, si no era cierta, sabía cómo hacerlo para que lo pareciera. Pero en sus ojos no parecía haber ni rastro de falsedad. Ese motivo me provocó una sensación aún más acentuada de desprecio hacia mi persona tras esas palabras sinceras. Quise disculparme, pero no encontraba cómo hacerlo. Aún así hice el intento de hablar, pero rápidamente fue sofocado por él.
-Yo... -Comencé.
-Tenemos que hablar, joven Len. -Su tono sincero pero serio tan latente y presente en él en esos instantes no permitía una negación como respuesta, así que simplemente me limité a escucharle. Su determinación en cada una de esas palabras dejó entrever que hababa totalmente en serio y que no pensaba echarse atrás. -... Lo llevo pensando y meditando bastante tiempo y... ya lo tengo decidido. Voy a pedir al Master mi desactivación total.

Continuará...

FÍN DEL CAPÍTULO 3

FREE TALK

La cosa está que arde y se van complicando progresivamente, ¿verdad? Pero vamos llegando al cénit de este tira y afloja, realmente la cosa no puede ir más a peor... ¿o si? >:3 xD Las respuestas en el próximo capítulo. ¡Dudas, quejas, aclaraciones, felicitaciones, cartas bomba a continuación! x3
Siento tener mis fics parados tanto tiempo, pero hago lo que puedo... En realidad iba a postear este tercer capítulo el 23 de Abril, día del libro ( y Sant Jordi/San Jorge, patrón de Cataluña, mi comunidad autónoma) en honor a la festividad de ese día, pero por cosas de la vida ha tenido que ser dos días más tarde...u_u Espero que sepáis entenderme y disculparme... Aún así, espero que hayáis disfrutado de este nuevo capítulo. Ya he comenzado con el siguiente (¡Llevo más de media página!¡Wiiii! >w<) y lo terminaré en cuanto deje de tener todo el tiempo ocupado en exámenes y trabajos, ¡lo prometo! Espero que para entonces sigáis interesados en saber cómo sigue esta historia entre estos dos personajes tan desparejadamente divertidos, jejeje. Aunque ahora no estén para tirar cohetes precisamente ^^U... en fin, gracias por todo vuestro apoyo y por leerme, ¡sin vosotros no sería nada!
Dedicado a :iconRoxasNobody13akuroku:, al FanClub Gakupo/Len al que pertenezco y sus participantes y a todos los fans de esta singular pareja. (como :iconDarknessCat: , nuestra adorablísima Rin >w<) ¡Muchos saludos a todos!

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Re: The Last Song - GakuLen (Vocaloid Fic) [TP de momento]

Mensaje  Axel el Miér Sep 29, 2010 3:21 am

The Last Song

Capítulo 4

¿¡"DESACTIVAR"!? - Mis ojos contemplaron el vacío, desorbitados. Todos los Vocaloid conocíamos demasiado y temíamos por igual esa palabra como el mismísimo fin del mundo: Desactivarnos era para los humanos lo equivalente a morir.
No podía creer que acabara de decir lo que había creído oír y aún menos entender por qué alguien como él iba a hacer algo así. Yo, precisamente yo, temía ser desactivado por una competencia tan directa, éste era uno de los motivos de mi odio y rechazo hacia él. No obstante, él tenía y era todo, TODO lo que desearía cualquier Vocaloid... ¿Por qué alguien así, que aspira a ser casi un Dios... Querría desaparecer? Tanto mi mirada como mi mente seguían perdidos en esa negra espesura.

-Seguramente se debe preguntar el motivo... -Comenzó a hablar de nuevo el mayor, pausadamente. - Aunque es bastante plausible... Pese a todos los esfuerzos del Máster, es evidente que no podemos congeniar y eso es un problema, ya que no nos permite tan siquiera cantar en conjunto... Comienzo a pensar que en mi caso, mi llegada contribuye a agravar ese problema, y por este motivo he decidido que lo mejor es que me vaya. - Comentó totalmente resignado, con un deje nolstálgico.

Dentro de mi cabeza todo comenzaba a circular muy deprisa, tratando de comprender lo que estaba pasando, cómo habíamos llegado tan lejos... Un sinfín de pensamientos, emociones y sentimientos se arremolinaron en torno a mí a toda velocidad. Trataba de pensar, pero era incapaz de racionalizar nada... También se dice que cuando esto ocurre, es el "corazón" el que toma el control de nosotros. Y quizás esa vez así fue. Cuando pienso todo el tiempo que perdí entonces... Aún me arrepiento, ¿sabes? Pero era necesario ese proceso si quería llegar a ti...

A pesar de que no sabía qué responder a aquéllo... Que debía alegrarme porque mi deseo tan anhelado fuera a volverse realidad, de que quizás conservaba las perspectivas de que todo volviera a ser como antes... Aún así... No tenía ganas de celebrarlo. Ni tan siquiera sentía felicidad. Más bien todo lo contrario. No negaré que le dije que te odiaba y deseé con todas mis fuerzas que desaparecieras de nuestras vidas... de mi vida... Pero yo... Sólo tenía ganas de llorar. ¿Cómo desearle la muerte a alguien...? Y además, ¿Convertirme en el primer causante de aquéllo? ¿Un asesino sin escrúpulos? No, yo no quería ser nada de eso... Y por primera vez desde que te vi atravesar la puerta de nuestro hogar, me comencé a arrepentir de desear y decir todo aquéllo... Hasta mis justificadas razones me parecían ya irrelevantes. Me sentía tan infantil... Por mi terquedad podían "matar" a alguien... Que sólo había intentado apoyarme, preocupándose por mí y había sido el único que había ido a buscarme. Me di asco de mí mismo y aún más de mi comportamiento y no pude hacer más que llorar amargamente, sintiéndome ya solo del todo.

Sin saber cómo, en ese momento terminé en sus brazos, vertiendo mis lágrimas sobre su inmaculado hakama, aferrándome a su suave textura como si con sólo hacerlo pudiera evitar cualquier mal en el mundo. De pronto y sin previo aviso, me vi rodeado cálidamente por sus brazos y, a diferencia de unas pocas horas antes, de los cuales me habría separado instantáneamente, me transmitió una paz y un alivio que pensé que jamás llegarían. Simplemente, deseando caer mi peso sobre su cuerpo, cálido y acogedor, me abandoné, dejando expresar mi cuerpo por mí. Mientras sollozaba como no lo había hecho nunca, sus manos fuertes pero gentiles surcaban desde mi cabeza, pasando entre mi cabello, hasta mi espalda, haciendo entrar en calor mi helado cuerpo. Lo que me transmitió en ese momento no tenía precio. Pues logró sino al menos un poco, cambiar de parecer respecto a él. Una persona capaz de expresar tanto de su alma sin romper esa magia con meras palabras vacías, valía la pena ser escuchado su silencio y confiar en su siempre mano brindada. Suspiré aliviado cuando ya no me quedaban más lágrimas que verter y con ojos sonrojados por tanto esfuerzo, y con un rostro lleno de dolor y culpabilidad, apenas si pude balbucear un susurro. -¿D... De verdad... v... vas a irte?... Yo...

-Quizás sea lo mejor, ¿No cree? -Me dedicó una mirada inundada de profundo afecto y tristeza, sin dejar de estar cabizbajo, seguramente por su sentimiento de culpa sin real fundamento.
Negué con la cabeza, incapaz de seguir articulando palabras. Sólo me limitaba a mirar sus ahora apagados ojos azul turquesa que en el pasado siempre chisporroteaban llenos de brillo y vida.

-¿Acaso... no quiere que...? -Pero antes de que prosiguiera acallé sus palabras con un fuerte abrazo, continuando mi negativa con fuerza. Sonrió algo más aliviado, sin soltarme un instante, aunque por sus manos algo temblorosas y su gesto corporal se sintiera algo tenso por si estaba obrando adecuadamente. ¿Sabes? Siempre he creído que tenías exceso de cortesía y respeto, protocolo... como sea que lo llames... pero eso te hacía caballerosamente encantador, aunque fueras un poco torpe a veces.
Cuando tras un largo rato pude serenarme algo más, al fin pude hablar con algo más de naturalidad.

-No te vayas, por favor... -Susurré a duras penas, avergonzándome de cada palabra que salía por mi boca, provocando un repentino sonrojo en mis exaltadas mejillas, sin atreverme a pedírselo mirándole directamente a los ojos, temiendo cualquier conducta de burla o enojo. Y encogiendo mis hombros, sin apartar la mirada de su hakama, esperé a que una reacción similar decayera sobre mí, pero el tiempo transcurrió y nada sucedió. Sorprendido, contemplé su rostro, que me devolvía una expresión casi idéntica a la mía, lo que aún me dejó más parado. Pareció como si por un momento, no diera crédito a mis palabras, pero tras ese breve intervalo de tiempo, volvió a aclararse la voz y a preguntarme seriamente si lo que había pronunciado era lo que realmente pensaba y quería yo.
Respondí sin andarme con rodeos que era exactamente lo que deseaba. - No quiero que te vayas... idiota... digo... Kamui.

Sonrió al reconocer su nombre y esa afirmación le hizo sonreír con sinceridad. - Vaya, así que sabe cómo me llamo... Supongo que ahora somos...

Me avergoncé bastante ante esa afirmación y me apresuré a aclarar: Somos... ¡compañeros, eso es! No eres mi competencia ni yo la tuya... Así que... Supongo que entonces no habrá problemas para cantar contigo y con Kaito...

Sólo me respondió con una de esas sonrisas enigmáticas suyas, dándome a entender que con pocas palabras era capaz de llegar mucho más allá. A pesar de que no me gustara demasiado que se tomaran cosas que yo dijera con más significado del que yo quería darle, me alegró que con ello no necesitara más explicaciones ni excusas por mi parte.
No me había percatado, pero seguía en sus brazos todo ese tiempo, cosa que me hizo ruborizar sobremanera. Así que me separé inmediatamente con el corazón a punto de salirme disparado del pecho, a pesar que dentro de mí, mi cuerpo se negaba a responder con la rapidez que yo hubiera deseado, quedándose semiestático y adormilado por el calor. No pareció ofenderse en absoluto con este gesto mío, sólo se limitó a sonreír mientras yo trataba de conservar algo de mi orgullo perdido, si es que aún me quedaba de eso.
Pero la noche había avanzado inexorablemente y una radiante luna bajo un manto estrellado continuaba avanzando inexorablemente por el firmamento aterciopelado que se cernía sobre nuestras cabezas. No había vuelto a pensar hasta en ese momento, pero en mis manos continuaba el pañuelo aprisionado. Si él se dio cuenta, no mostró indicios de ello. Aún arrastraba un sentimiento de culpabilidad, que me instaba a tener el amable gesto de devolvérselo, pero él pareció percatarse de ello y negó el gesto.

-Joven Len, usted lo necesita más que yo...

-Pero es tuyo, no mío... y...

-Considérelo entonces como un regalo de cortesía de... compañero a compañero Vocaloid. Al fin y al cabo ya se lo entregué una vez -Mientras pronunciaba estas amables palabras, cerraba mis puños alrededor de la delicada prenda. -Espero que le sirva mucho mejor que a mí, joven Len.

Por un momento, en mi rostro se vislumbró una expresión de profunda gratitud y una tímida sonrisa afloró de mis labios, mientras contemplaba su gentil mirada. Pero cuando tuve conciencia de lo que pasó, lo guardé inmediatamente en mi bolsillo, de donde lo hallé por última vez y me puse de pie bajo su atenta mirada. Él imitó el gesto con asombrosa habilidad con un deje de torpeza característico que sólo él lograba que resultase simpático ante la mirada de los demás. La noche nos rodeaba con su fría brisa otoñal y pese a ser androides con conciencia, mi vello se erizó y mi cuerpo se estremeció. Nunca me había percatado, pues desde que el Máster me dio la "vida", nunca había salido tan tarde y en una estación tan fría como aquélla. Mi compañero siempre tan suspicaz, extrajo uno de sus brazos de su hakama y me puso esa parte sobre mis hombros, atrayéndome con gentileza a su vera, y amablemente me ofreció caminar así hasta casa. Lo reconozco, tenía tanto frío que ni el orgullo me valía para no aceptar su ofrecimiento. Así pues, nos pusimos nuevamente en marcha hasta casa, al lado del río. Tras tantas lágrimas desbordadas, el paisaje no podía ser más sobrecogedor y a la vez más espectacular que el de aquella luminosa nocturnidad. Mi mente se permitió el lujo de viajar y perderse en las múltiples maravillas del río salpicado de las innumerables luces de colores que le llegaban de todas las viviendas, edificios y farolas de las proximidades, durante bastante rato. Llegó a un punto que el pensamiento volvió a tocar de pies a tierra sin apenas percibirlo, repasando casi inconscientemente los hechos vividos horas antes, mientras sentía su cuerpo pegado al mío, respirando acompasadamente, y su mano rodeando mi cintura. Y de nuevo, sentí en mi pecho una gran punzada de culpabilidad. Lo miré de soslayo, su impactante figura, que haría sombra a cualquiera de nosotros sin siquiera proponérselo, su paso seguro y galante, su sedoso y abundante cabello, sus ojos tan humanos que sobrecogían a quien los miraba, y... esa voz, a veces increíblemente dulce, a veces indescriptiblemente aguda y otras tantas impactantemente grave... capaz de dar cualquier tono y melodía que se propusiera... La gran maravilla de la tecnología, técnicamente perfecto... y lo más sorprendente... su gran humildad albergada en su corazón. Yo había deseado deshacerme de ese aura de perfección que me cegaba, cuando lo más que me quería era rodearme en ella... Nada malo me deparaba en su interior. Pero yo había provocado la opacidad en ella... Y casi sumo su luz en la más profunda de las oscuridades. No tenía cómo perdonármelo... y aún preguntarle sus motivos para ello. Quería hablar con él, aprovechar esta quietud, esa soledad que nos rodeaba íntimamente a los dos, pero no tenía cómo empezar. Cuando alguien se equivoca, es difícil retroceder en sus decisiones y autoproclamarse el ser más imbécil sobre la faz de la Tierra. El esfuerzo es doble, o quizás triple, si se posee un orgullo equiparable al mío. Pero mi conciencia no se detendría hasta sonsacarme hasta la última de mis gotas de disculpa. Mis ojos aventurándose, viajaron desde su vientre hacia su rostro, con vergonzosa lentitud, hasta posarse sobre los suyos, concentrados en mirar hacia delante para no chocarnos con nadie y adelantarse a cualquier situación de peligro. Traté de articular alguna palabra, pero sólo salieron de mi boca murmullos inteligibles incluso para mí en cuanto nuestras miradas se encontraron. Pareció percatarse de ello y con su voz pausada me preguntó:

- ¿Le preocupa algo, Joven Len? Le noto extraño desde hace un buen rato.

-No... bueno... es... es sólo que... yo... -La verdad, no sabía cómo empezar sin resultar más maleducado de lo que ya lo había sido. - Bueno... tú... eres... eres... mmm... bueno... no estás mal...

Hice una pausa midiendo con sumo cuidado mis palabras, agradeciendo que no me interrumpiera o no hubiera podido continuar con aquéllo, así pues proseguí con un nuevo impulso decisivo.

-Y bueno... yo... no entiendo por que alguien como... tú... querría... bueno... querrías desapa... -No me vi con valor suficiente de pronunciar esa palabra que tanto me asustaba en esos tiempos y con la que sufría pesadillas todos los días. Me continuó mirando del mismo modo inalterable, quizás con una expresión mucho más reconfortante que me costó entender, ya que yo me sentía el principal causante de que fuera a hacer todo aquéllo, y no iba muy errado. Con un suave suspiro que denotaba una profunda reflexión, se animó a contestarme.

-Verá, Joven Len... Si bien es cierto que el Máster se ha esmerado últimamente en sus últimas creaciones, no por ello debo sentirme superior a ninguno de mis compañeros. Para mí, todos son iguales a todos, indiferentemente de sus características y habilidades. No por ello no quiera decir que no le estoy profundamente agradecido por dotarme como soy. Pero si esto puede comportar un problema entre mis compañeros, aunque sea con uno sólo, para mí ya no me merece tanta alegría ni ventaja por mi parte. Se convierte en un gran obstáculo para mi objetivo, que es ser uno más de vuestra honorable y honrada familia, a la que aprecio enormemente a pesar de mi corto tiempo entre vosotros. Es por este motivo... ser "yo mismo", me hacía desdichado, alejado de todos y me impedía incluso cantar. ¿Qué otro motivo podría desear para no importunaros más y desaparecer de vuestras vidas? Además, os provocaba dolor, tristeza y desesperación Joven Len. Aunque nunca os comentara nada al respecto directamente, percibía que desde mi llegada, su vida se había convertido poco menos que un infierno. Eso me provocaba mucho sufrimiento, y no podía permitirlo. Por eso decidí tomar esa decisión. Pero como última instancia, decidí confiarle mi decisión antes de llevarla a cabo. Presentía que usted querría saberlo primero antes de que yo diera el paso. Por eso, antes de desaparecer, quise venir a buscarle y despedirme de usted... Y... lo admito, me preocupé muchísimo al verlo desaparecer de aquella manera tan repentina y sin dar señales de adónde se dirigía. Debía buscarle y asegurarme de que por lo menos, mi terquedad no hubiera provocado en usted ninguna desgracia. -Su semblante tranquilo pero algo afectado al recordar todo el asunto era palpable en su semblante.
¿Así que se trataba de su despedida definitiva? ¿Y tuvo el coraje de venir a decírmelo aún y cómo estaban las cosas de tensas entre nosotros? Y no sólo eso, antes de irse, quería asegurarse de que su exceso de amabilidad y amistad para conmigo no hubiera acabado en catástrofe y que a mí me hubiera sucedido algo en la desesperada huida. Su exceso de bondad rozaban la anormalidad, pero a pesar de todo, logró conmoverme, al ver pese a sus palabras que sólo el rencor me cegaba, y mis suposiciones y temores de ser sustituido y de su actitud complaciente que para mí era mero sinónimo de falsedad, no eran más que una equivocación tras otra de una mente joven e inexperta como la mía. Mi interior se debatía entre el sentimiento de culpabilidad, equivocación y el alivio por haber podido detener todo aquello antes de que fuera demasiado lejos, aunque reconociera que necesitara su ayuda para percatarme de que todo aquello sólo eran visiones nada más alejadas de la realidad.

-Lo siento... - Fue lo único que fui capad de articular de mi seca garganta, aún impactado por su discurso. Si realmente existía algo capaz de dejarme sin habla, era unas palabras tan sinceras y honestas como las que él era capaz de pronunciar.

-Ya no importa, Joven Len. Lo único que debemos sacar de todo este embrollo es que nos ha servido para darnos cuenta de cuan equivocados estábamos el uno con el otro y que yo no fuera capaz de entenderlo mejor a usted. Y ha sido necesario para poder conocernos esta vez de verdad, ¿no lo cree?

Asentí en silencio, sorprendido de que incluso él gentilmente se culpara también de lo sucedido.

-Entonces no lo piense más. Mejor pensemos en cosas más alegres como lo que nos depara en el futuro. Estoy seguro que si cantamos juntos, su voz ayudará mucho más a que mi pobre voz brille mucho más.

-Sí, vamos, no bromees conmigo... - Le espeté. -Mi voz no tiene nada fuera de lo común, es chillona e infantil...

-Pues realmente yo la admiro, no en pocas ocasiones he deseado poseer una de igual envergadura, tan tintineante como un trino de ruiseñor.

-¡Eh! ¡No necesito que me alabes más, no te voy a dar mi ración de cena por ello! -Bromeé, a lo que terminamos riendo bastante hasta prácticamente llegar a casa. En verdad, necesitaba salir ileso de esa situación embarazosa, o quizás me hubiera dejado llevar por unos instintos de apego que no deseaba que aflorara en mí como si me hicieran dependiente o algo así... ¿o tal vez sí lo deseaba?

Casi sin darnos cuenta de ello, habíamos llegado al porche de casa. La humedad que impregnaba mi piel había sido reducida considerablemente gracias al cobijo que me había ofrecido Kamui. (Sí, le llamo así, aunque para mí, sigue siendo muy idiota... Bueno, no tanto... Pero es idiota.) Nos dispusimos a tocar a la puerta cuando se abrió impulsivamente, sin darnos tiempo a reaccionar. Kaito nos estaba esperando al otro lado con aspecto exaltado, pero al vernos inmediatamente volvió a ser el que era.

-A buenas horas... mmm... a estas horas de la noche o sois un par de delincuentes o una parejita... y mucha cara de malotes no os veo... quizás a Len se le ve un poco cara de perv... - Pero para su suerte o desgracia, no le di tiempo a terminar la frase, accidentalmente, mi pie cayó abruptamente sobre el suyo con tan mala pata que aplasté sus dedos contra el suelo, provocando un gran alarido del peliazul que lloriqueaba dando saltitos a la pata coja sosteniéndose el pie herido.

-Yo también me alegro de verte, Kaito- Sonriendo con la cara más angelical e inocente de la que fui capaz de profesar, mientras el idiota seguía detrás con cara de circunstancia, mientras trataba de fingir una sonrisa forzada.

-¡LEN! ¡AL FIN! - Fue lo único que pude oír frente a mí antes de verme tumbado viendo el techo frente a mí, con una melena rubia tapando mi rostro. - ¡PENSABA QUE NO VOLVERÍAS! ¡DEJA DE DARME ESOS SUSTOS O TE QUEDARÁS SIN HERMANA!

-Insistió en quedarse de guardia conmigo por si Gakupo lograba dar contigo. La tenías histérica perdida. El Máster sabe lo mucho que me ha costado retenerla para que no saliera sola a estas horas a buscarte. - Corroboró el peliazul, resoplando aún por el dolor de unos instantes.

-Lo siento Rin... No quería asustarte... -La acaricié aún confuso por el choque frontal.

-¡IDIOTA REMATADO! ¡Si supieras todo lo que padezco cuando desapareces...! ¡Con lo mucho que te quiero, enano idiota! - Comenzó a derramar lágrimas sobre mí, sin soltarme de su abrazo, muy emocionada, a lo que sólo pude responder con un abrazo de igual envergadura.
Cuando se hubo tranquilizado, Kaito se ofreció a acompañarla hasta los aposentos de las chicas, avisándonos antes de que el Máster había ido antes a visitarles y les había dejado una carpeta sobre la mesa con los primeros datos sobre nuestra nueva y primera canción como grupo, haciéndole prometer no abrirlo hasta que estuvieran los tres, con un extraño misterio reflejado en sus ojos.
Aún hoy, en el fin, me pregunto si el Máster tenía conocimiento de lo que pasó aquella noche en el río y de mi conversación con Kamui. Quizás nunca lo sepa.

Cuando hubo regresado, se reunió con nosotros en el centro de la mesa del té.

-¡Uff, no sabéis lo que me ha costado convencerla de que se fuera a dormir ella sola a su cuarto, quería dormir contigo Len, sí o sí... y lo que es peor, no ha parado de darme la tabarra con que qué nos traemos entre manos, que quiere saber de qué van nuestras canciones. ¡No me creía un ápice cuando le juraba y perjuraba que no tenía ni la más remota idea de lo que iba! ¿Podéis imaginarlo?

-Créeme que sí, Kaito, es mi hermana... - Y Kamui me secundó con un gesto en la mirada de que visto lo visto, no le cabía la menor duda al respecto.

-Sí, ya bueno... -Rió algo nervioso, secándose el sudor de la frente con su singular bufanda azulada poniéndose frente al sobre y tomándolo con sus manos y extrayendo su contenido. A cada página que hojeaba, su expresión iba cobrando nerviosismo y seriedad por momentos, hasta casi quedarse blanco. - ¿Con...qué... qué tipo de clientes negocia el Máster? -Comentó volviéndose a secar el sudor de la frente. - Um... a ver tu parte Len... - De pronto su semblante recobró todo su color perdido, tornándose carmesí casi al instante, haciendo esfuerzos sobrehumanos por aguantar las ganas de reír desesperadamente. - ¡Ui, Len, te ha tocado la mejor parte, qué envidia! - Y tras eso, no pudo dejar de reírse, momento que aproveché para hacerme con la carpeta y comprovar por mí mismo a qué se debía tanta bromita estúpida. Al contrario que a Kaito, yo me quedé más blanco que la cera, y mirando primero a Kamui y luego a la hoja, pronuncié el título de esa primera y temida canción:

ImItAtIoN bLaCk

Continuará...

Fin del capítulo 4

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Le dedico este capítulo como todos los demás a "Roxasthe13nobody", ya que de no ser por él, este fanfic no existiría ni mi fanatismo por la pareja tampoco n-nU, y por supuesto al club Gakulen FC del DeviantArt al cual pertenezco y a sus fans y miembros :D

Gracias a todas aquellas personas que me envían mensajes de apoyo y sus opiniones sobre mi fic, y me animan a seguirlo, lo creáis o no, es REALMENTE RECONFORTANTE para mí, una persona que apenas puede disfrutar de hacer lo que más le gusta como lo es escribir (o dibujar o el cosplay) por estar cursando una carrera universitaria. ¡¡Realmente mil gracias por vuestras numerosas muestras de apoyo, no sabéis lo feliz que soy al leerlas!! ;w;

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